El estrés en el que a menudo vivimos provoca cansancio físico y, además, tiene un gran impacto psicológico sobre nosotros. Esto genera una modificación del estado fisiológico que se puede traducir en varios dolores o síntomas. También influye la forma en la que realizamos nuestro trabajo, ya que muchos de nosotros pasamos la mayor parte del tiempo inactivos, sentados en una silla. La gran parte de nuestro tiempo lo pasamos sentados, ya sea en una silla, en un sillón o en un sofá. Esta postura genera una información en el cerebro correspondiente a una postura en semi-flexión, provocando una hiperactivación de los cuádriceps, un acortamiento de nuestros músculos isquiotibiales y una reacción de protección de nuestros psoas. Además, esta postura provoca dolor de espalda para la mayoría de la gente y es la responsable de lesiones más graves como hernias discales, alteración de los nervios, deshidratación discal, etc.

¿Sabías que los niños realizan movimientos mucho más simples y económicos? En otras culturas aún conservan buena parte de ese capital postural: sentándose en el suelo, andando descalzos, trabajando o comiendo en el suelo. Estos datos son clave para entender el dolor de espalda, ya que algunos estudios demuestran que en dichas culturas no sufren de dolor en la espalda gracias a mantener ese patrón postural.

Soluciones contra el dolor de espalda

La osteopatía puede ser echarte un cable. Su objetivo es intentar mejorar el equilibrio del cuerpo, trabajando sobre las adaptaciones posturales para optimizar la simetría muscular. El trabajo es global y necesita gran implicación por parte del paciente. Por eso, una pauta de ejercicios adaptada a cada uno permite provocar cambios posturales y mejorar el dolor de espalda. No es posible hacer desaparecer un patrón postural que se ha repetido durante años en una sesión de osteopatía, fisioterapia, acupuntura o quiropraxia; por lo que es importante cambiar los hábitos posturales para poder apreciar una mejoría en los síntomas de las dolencias.